¡Mi Dios!

Mi Dios!

Mi Dios!

Mi Dios no es blanco, negro, ni amarillo. No necesita serlo. De hecho El lo es todo.

Mi Dios es el reflejo de la luz en el agua, es una nube blanca contrastada contra el cielo azul, es la fría negrura del espacio infinito, es la noche estrellada y la risa de un niño.

Mi Dios no entiende de sexos, pero si del disfrute de compartir mi cuerpo con quien yo quiera, para dar placer y recibirlo, expresar mis emociones, mi éxtasis, mi alegría, dar rienda suelta a mis frustraciones, realizar mis fantasías y sueños. De hecho mi sexo y su disfrute también son parte de Dios.

Mi Dios es mi libertad para creer en lo que quiera, pensar en lo que quiera, ir donde quiera y hacer lo que quiera desde el respeto a los demás.

Mi Dios no vive en ningún libro, palabras de profetas, testimonios de los que a ellos siguieron, ni en esculturas, cuadros, dibujos o tallas. No hace falta, es Dios.

Mi Dios no necesita de edificios, ubicaciones físicas desde donde comunicarme con El, ni de traductores que me expliquen sus intenciones, ya que vive dentro y alrededor mío. ¿Para qué habría de necesitarlos? El es yo así como yo soy parte de El.

Mi cuerpo y mi mente son la única catedral, mezquita, sinagoga y templo.

Mi Dios nunca dijo palabra, lanzo mensaje alguno, impartió instrucciones ni ordeno nada. La Creación es su expresión.

Mi Dios no tiene barbas ni santos, ropas ni miedos, rebaño ni jauría, a nadie caído ni elevado. No es joven, viejo ni tiene edad. Ni castiga Ni perdona. No reprocha nada ni a nadie, ni opina bien ni mal de mí ni de nadie. Ni siquiera piensa, no hace falta, solo Es. De hecho El lo es todo.

Mi Dios no necesita romper las leyes de la física a través de milagros o acciones espectaculares para demostrar que existe. No hace falta, es Dios.

Mi Dios no me culpa de nada, no distingue entre bien y mal, luz y oscuridad, virtudes y defectos, ya que todo es parte del Universo, que es El, y por lo tanto todo lo que consideramos bueno y malo tiene su razón de ser. Si no debiera ser así, no sería.

Yo, como todos los mortales estoy lleno de placeres y vicios, de pensamientos puros y torcidos, de incoherencias, de límites y sueños, de realidades físicas e ideales. Y así es como debe ser. Si no debiera ser así, no sería.

Mi Dios no quiere que crea en El, ni lo comprenda. Quiere que lo sienta; en la mirada de mi hija, el atardecer anaranjado, en el olor de una flor, el canto de un pájaro, el vuelo del copo de nieve, el susurro de la hierba mecida por el viento, la solitaria y silenciosa inmensidad de la montaña o en el quieto espejo del lago.

Mi Dios no vive en postales de imágenes llorando, prohibiciones de alimentos, colgantes, candelabros, pergaminos, huesos viejos , ni en las diferencias de sangre o las estatuas de piedra.

Mi Dios me creó con la capacidad de abstraerme y concebir mundos, situaciones, personas, conversaciones, paisajes e imágenes dentro de mi cabeza. Esta es la verdadera mística, la capacidad de maravillarse, de emocionarse, de conectar con la belleza de lo nuevo, de explorar el infinito desde el reducto inabarcable de la mente y el corazón.

Mi Dios me creó con las herramientas intelectuales y espirituales para humildemente aceptar mi insignificancia así como mi infinita importancia dentro del contexto general de las cosas. Mi Dios me lleno de amor porque soy imprescindible para el Universo en la medida en que yo soy parte de El. Si no fuera así, yo no sería.

Yo soy parte de Dios, ya que soy, y El lo es todo.

Francisco Gordillo. Rio de Janeiro. Agosto 2011

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¡Crisis en Madrid!

El invierno madrileño estalla bailarín en caras y ojos,

Revoloteando a mi alrededor.

 

Luz impávida y agresiva de navajas de Mayo francés en su iluminar.

Las nubes se arraciman hinchadas,

Preñadas de sombras sobre el Retiro,

Las gentes y la calle de Alcalá.

 

Los cafés están casi vacíos,

Los teatros languidecen,

La gente, con cadencia apresurada,
Está también vacía en su andar.

 

La crisis apuñala constante
Las esquinas de todas las cosas

Todas las vidas en general.

 

Los bancos bostezan por sus cajeros,

Vacíos como graneros sin semillas que refrescar.

Los coches se revuelcan trotones contra el asfalto,

Carraspeando roncos,

Más tristes que hace unas semanas,

Y más tristes quizás.

 

Los ceniceros alegres en sus negras cenizas,

Están huérfanos de vicios,

Urnas de cristal.

Clientes pidiendo vasos de agua

En vez de algo de picar.

 

Los árboles desnudos de verdes se cimbran suaves,

Recordando puntiagudos no lo malo que hay,

Sino lo malo que falta por llegar.

 

Niños-butifarra embutidos en exóticas sillas de paseo
No llevan galletas ni donuts en las manos,

Llevan picos de barras de pan.

 

Veo señoras paseando perros con permanentes peroxidadas,

Pretendiendo estar vestidas elegantes al azar.

Desconchando las cáscaras de sus horas desde tacones de aguja.

Alturas de piernas de caballo de carreras,

En un paseo de tienda en tienda,

No atreviéndose a comprar,

Ni siquiera se atreven a entrar.

 

Pasteles y cruasanes me miran brillantes desde escaparates de tiendas

Donde los domingos ya solo se agota el pan.

 

Los diarios ya no se deshacen en pergaminos de colores
con televisores, películas, ofertas de libros y demás.

Nadie se va a gastar el sábado ese euro de más.

 

Los teléfonos móviles yacen moribundos en las mesas,

Ya no vibran frenéticamente,

Solo de manera ocasional.

 

La crisis estalla explosiva,

Tangible en los bocadillos al merendar,

Luces apagadas al salir de habitaciones,

Y vete en autobús en vez de taxi,

O mejor vete a andar.

 

¡No se lo que va a ocurrir,

Esto se está poniendo fatal!

 

 

Francisco Gordillo. Madrid – Septiembre 2009

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De la Decepción!

La decepción no es dura ni fría, no es un estilete ni sabe a metal, es un agujero que se abre en razón y pecho, donde se unen pena y sorpresa. Es el vacío, negro y esférico, gota gigante, redonda y pulida, de aceite tibio que cala hondo, oscuro y redondo en corazón y frente, escociendo sordo y hueco, sin sonido. Vacío sin sonido, vacío de verdad.

La decepción es transversal a edad, condición social y económica, en todos provoca frustración, tristeza y enojo, así como toda una lista tremenda de sentimientos negativos. Pinchante, hiriente y doliente como una ristra de ajos secos.

La decepción es un trapo gris y sucio que cae sólo y abandonado en el negro vacío, fétido, quejumbroso en su rozarse seco y lento con el aire, deforme en su movimiento de vela en el tiempo y el espacio gris, frío y oscuro.

La decepción es una herida supurando pus infecto de confianza muerta. Es una llaga roja frisada de corinto en el alma frágil, eterea, blanca y ligera que nos trae y lleva, que confía y de ciento en viento se desespera.

La decepción la superarás, pero una vez probada, nada te sabrá igual.

Francisco Gordillo – Madrid, Noviembre 2012

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Un suspiro

Un suspiro

Un suspiro

A veces oigo suspiros míos que salen de otras bocas y otros labios,

mordiscos arrancados al espacio interior propio e inviolable.

 

A veces oigo suspiros que arrastran anhelos que son míos,

como si alma y deseos se hubieran alojado en otro pecho y otro cuerpo.

 

A veces me descubro cabalgando la ola sedosa y transparente de un suspiro que no es mío, quedando perdido en el silencio posterior al suspiro ya muerto en el aire quieto.

 

Me pregunto ¿Cómo puede un suspiro, sin intención, ajeno, inesperado, ser parte de mí cuando no es el cincel de mi vida el que lo ha tallado?

 

Un suspiro no es más que la esencia que se va volando, un pensamiento que está lejos y llega al futuro viejo, habiendo vivido antes el tiempo que vendrá desde el sordo beso del alma al aire y sus miedos.

 

Un suspiro no es más que lo que se quiere y se tiene, flor que florece al aire, raíz enterrada en el vacío anhelo.

 

Un suspiro no es más que un pedazo del alma que vive en otro yo, en otro cuerpo en otro espacio y otro momento, que dice, vacío, perdido, etéreo ¡Ojalá que me ames como yo amo el suspiro que sin palabras me regalas llenando mi tiempo!

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De la verdad y la felicidad

Puesta de sol

Puesta de sol

La verdad, como expresión de la felicidad, en la medida en que entendiendo se sabe, y por lo tanto se puede dar la reunión con todo lo que es, tiende a ser tomada por muchos o casi todos como algo fijo, un punto estático metafísico. Esto es una gran falacia.

En la medida en que la verdad o la felicidad fueran estáticas, existirían caminos que condujeran a ella, existirían métodos que nos acercaran a través de su práctica a la feliz conclusión, pero esto no es cierto, ya que todo método, toda organización, todo camino, acaba irremisiblemente por intentar someter la voluntad del individuo a las reglas o normas de dichas creencias. Es precisamente por esta necesidad de doblegar lo que de por si es natural en el ser humano, el dejarse llevar sin esfuerzo por el flujo de la vida y el universo, que no creo en ninguna religión, secta o credo.

Respeto mucho aquellos que sienten la necesidad, la llamada gregaria del “pertenecer”, o encuentran consuelo y alivio en escrituras, templos u órdenes, pero ¿Porqué encerrarse en un templo para el recogimiento, cuando se puede contemplar el mar y dejarse azotar por sus sales y olores? ¿Porqué querría nadie orar a la luz de las velas cuando podemos bañarnos por los rayos del sol? ¿Porqué querría nadie escuchar un sermón cuando se puede oir el mar estallar contra la roca o el pasto mecerse en la brisa?

Lo cierto es que todo sistema, todo orden lógico impuesto por cualquier organización, sea secta o religión, es fruto del raciocinio, y por lo tanto no sirve para alcanzar la plena felicidad y el entendimiento, ya que, en la medida que reflexionamos en vez de sentir, nos impedimos a nosotros mismos explorar lo que nos une con lo que nos rodea, en ultima instancia lo que nos permite entender nuestra vital e insignificante posición como parte del universo.

¿Quién no se ha vuelto loco intentando racionalizar el dolor derivado de una ruptura amorosa, la febril agitación del enamoramiento, el sufrir de un hijo, la perdida de un ser querido, o las emociones que una obra de arte o la música descubren en nuestro interior y no podemos controlar? Es precisamente en nuestra incapacidad de reducir el universo a leyes que expliquen todo aquello que no es tangible, todo aquello que depende del sentir, donde reside el fracaso de nuestro intelecto, y donde habita la raíz de la predeterminación impuesta, cada vez de manera más rígida, por lo que a día de hoy llamamos progreso.

No hay un camino hacia la felicidad, todos somos intrínsecamente felices, es parte inherente al hecho de que somos y existimos de manera consciente. De esta forma, igual que los niños nacen como lienzos en blanco que la experiencia y la vida van pintando y coloreando, lo único que nos separa de nuestro verdadero y feliz Yo es el miedo, ya que, en la medida en que “crecemos” y “maduramos”, coartamos nuestra capacidad de buscar lo nuevo, de ilusionarnos con lo ínfimo, de regocijarnos en el descubrimiento de lo que nos rodea, de disfrutar del verdadero misticismo, que no es otro que la capacidad de maravillarnos desde el confinamiento irreductible y sin barreras de nuestra imaginación y nuestros sentimientos. El miedo a lo desconocido, al dolor, al fracaso, a no seguir el camino que se nos impone, a no ajustarse a las reglas, a no ser respetado, a no ser entendido, en resumen, a todos esos miedos que nacen de la raíz atávica de todo lo que nos empequeñece como personas.

Yo me pregunto ¿Es que puede haber un miedo mayor al de mirar hacia atrás en el lecho de muerte y reconocer que no se aprovecho la vida? Por tanto, ¿Qué sentido tiene el temor a perseguir todo aquello que de verdad nuestro espíritu y corazón nos pide que alcancemos?

En resumidas cuentas, la verdad, ergo la felicidad, es lo que encontramos cuando nos liberamos de los miedos que nos agarrotan y de verdad nos abrimos a poder comprender que no es algo temporal, estático o definible, sino la comunión con el todo absoluto que es el universo, y al cual estamos ligados de manera indefectible por el mero hecho de ser y sentir.

Francisco Gordillo. Madrid Abril 2012

Si te pareció interesante esta entrada, échale un vistazo a “Mi dios”

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¡Si tú me olvidas! – Pablo Neruda

Pablo Neruda

Pablo Neruda

Quiero que sepas una cosa.

Tú sabes cómo es esto:
si miro la luna de cristal, la rama roja
del lento otoño en mi ventana,
si  toco junto al fuego
la impalpable ceniza
o el arrugado cuerpo de la leña,
todo me lleva a ti,
como si todo lo que existe,
aromas, luz, metales,
fueran pequeños barcos que navegan
hacia las islas tuyas que me aguardan.

Ahora bien,
si poco a poco dejas de quererme
dejaré de quererte poco a poco.

Si de pronto
me olvidas
no me busques,
que ya te habré olvidado.

Si consideras largo y loco
el viento de banderas
que pasa por mi vida
y te decides
a dejarme a la orilla
del corazón en que tengo raíces,
piensa
que en ese día,
a esa hora
levantaré los brazos
y saldrán mis raíces
a buscar otra tierra.

Pero
si cada día,
cada hora
sientes que a mí estás destinada
con dulzura implacable.
Si cada día sube
una flor a tus labios a buscarme,
ay amor mío, ay mía,
en mí todo ese fuego se repite,
en mí nada se apaga ni se olvida,
mi amor se nutre de tu amor, amada,
y mientras vivas estará en tus brazos
sin salir de los míos.

Pablo Neruda

Francisco Gordillo – Madrid – Marzo 2012

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No Te Rindas

Mario Benedetti

Mario Benedetti

Maravilloso poema de mi muy admirado y leído Mario Benedetti.

No te rindas, aún estás a tiempo
De alcanzar y comenzar de nuevo,
Aceptar tus sombras,
Enterrar tus miedos,
Liberar el lastre,
Retomar el vuelo.

 
No te rindas que la vida es eso,
Continuar el viaje,
Perseguir tus sueños,
Destrabar el tiempo,
Correr los escombros,
Y destapar el cielo.

 
No te rindas, por favor no cedas,
Aunque el frío queme,
Aunque el miedo muerda,
Aunque el sol se esconda,
Y se calle el viento,
Aún hay fuego en tu alma
Aún hay vida en tus sueños.

 
Porque la vida es tuya y tuyo también el deseo
Porque lo has querido y porque te quiero
Porque existe el vino y el amor, es cierto.
Porque no hay heridas que no cure el tiempo.

 
Abrir las puertas,
Quitar los cerrojos,
Abandonar las murallas que te protegieron,
Vivir la vida y aceptar el reto,
Recuperar la risa,
Ensayar un canto,
Bajar la guardia y extender las manos
Desplegar las alas
E intentar de nuevo,
Celebrar la vida y retomar los cielos.

 
No te rindas, por favor no cedas,
Aunque el frío queme,
Aunque el miedo muerda,
Aunque el sol se ponga y se calle el viento,
Aún hay fuego en tu alma,
Aún hay vida en tus sueños
Porque cada día es un comienzo nuevo,
Porque esta es la hora y el mejor momento.
Porque no estás solo, porque yo te quiero.

Mario Benedetti

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febrero 28, 2012 · 11:57 am

De la Despedida

De la Despedida

De la Despedida

A mi siempre querida CA

Toda despedida es un principio encerrado en la esfera de algo que se rompió. Se rompe el tiempo, el corazón, la confianza, los sueños, sea lo que sea que se deshace, llega cabalgando una ola de vacío, de frío, de un futuro que ya no será y un pasado que fue pero nunca volverá a ser.

Las despedidas son tatuajes del alma, cicatrices que uno se va haciendo a medida que pasan los días y los años, nombres, caras, sensaciones, olores y recuerdos dibujados a fuego en los rincones oscuros de memoria y corazón.

Cuando el tiempo se rompe, cuando ya que no queda nada, uno se pregunta ¿Para qué? ¿Donde van el cariño y el amor, donde se esconden los besos, los momentos de complicidad, las miradas donde el amigo, familiar o pareja descubre el significado de algo que es tan íntimo que solo dos personas en ese momento saben qué es?

Acompañando a la pregunta, debemos hacer un esfuerzo para recordar que para despedirse, hace falta haberse encontrado, y para que la despedida deje huella, es necesario haber sentido. No nos dejemos engañar por la inmediatez del dolor que conlleva la pérdida, la vida pondrá los recuerdos en su justo sitio, su importancia medida con justicia en la presencia de los mismos durante nuestro futuro devenir diario.

Debemos siempre despedirnos con una sonrisa, aunque el alma este hecha jirones, aunque el corazón le diga a la cabeza ¡Qué estas haciendo! Y mirar hacia delante intentando no vivir de lo vivido sino sobrevivir, no encerrarse en el pasado ni en el olvido, aceptando la rica y suntuosa esencia de todo aquello que llegará desde lo aprendido en el pasado con la persona a quien de una forma u otra, entendida o no, en su momento apreciamos, pero que ya pasó, que no volverá, su recuerdo ahogado cual canto rodado en el fondo del lago de nuestra memoria.

El futuro traerá, antes o después, desde su prosa aceitosa empapando las paredes de lo que será, una nueva primavera, y plantará una nueva flor en el corazón, sea desde el reencuentro o desde el descubrimiento, qué más dará, lo importante es seguir llenándose de vida, mañana y luz cada día.

Francisco Gordillo. Madrid. Febrero 2012

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