Por San Valentin – No entiendo un día para amar si no es parte de una vida de amor!

Teresa de Calcuta

Teresa de Calcuta

No entiendo despertar por la mañana sin abrir las ventanas, no entiendo como puede alguien pretender que un corazón vacío se llene porque se sale a cenar, se manden unas rosas o se ponga uno su mejor sonrisa como hecho puntual.

La vida está llena de altos y bajos, de días buenos y malos, de días donde estamos más cerca de las personas que queremos, y de otros donde parece que caminamos solos y el sol martillea nuestra cabeza mientras deambulamos perdidos por el desierto de nuestra existencia.

No puede haber amor sin desamor, de la misma forma que la mañana existe porque llega la noche, o que el invierno acaba porque florece la primavera. Nada es absoluto, y en la medida en que las cosas son siempre parte de un todo mayor y común, en el cual estamos inmersos, que respiramos y bebemos, que amamos y odiamos, en el que vivimos y morimos, no podemos pretender funcionar dentro de paréntesis que nos aíslen de lo que ocurre y llenar partes de nuestro ser sin tener en cuenta todo lo que sentimos y padecemos. Todo lo que amamos y detestamos, lo que nos hace reír o llorar, lo que nos emociona o retrae, son solo vasos comunicantes que se alimentan unos a otros y cuyas esencias, confusas en nuestro interior, conforman quienes somos.

No existe el día de San Valentín, excepto para aquellos que solo compran cuando hay rebajas. Yo no creo en él, pero no lo hago porque me parezca mal, de hecho me parece bien que la gente elija un día en el que intentar ser felices o expresar lo que sienten, no, no creo en el día de San Valentín porque hace ya mucho tiempo que decidí vivir aceptando que soy un ser pasional, y prefiero abandonar las rayas y ángulos de los mapas por el azul del cielo y los mares cada vez que puedo, prefiero dejarlo todo porque descubra que hay una flor nueva que mirar, un sonido nuevo que escuchar o porque simplemente, un día de vez en cuando, decida que ese día me rodearé de silencio para intentar comprenderme mejor, o simplemente para intentar comprender. Prefiero una vida con un solo momento de individualidad sorprendente a una existencia gregaria libre de riegos y sobresaltos. Prefiero saberme libre para decidir que cuando quiera puedo salir a la calle a mojarme la cara en la lluvia sin miedo a estropear la ropa que lleve, o intentar acercarme a la luz aún corriendo el riesgo de cegarme que andar a tientas y por siempre en la semipenumbra espectral de una vida preprogramada y hueca.

La luna no le pide permiso al sol para aparecer en el cielo cada noche, de la misma forma que el sol no le tiene que dar explicaciones a nadie para iluminarnos cada mañana desde su giro infinito. Yo no necesito un anuncio, un día señalado o un toque de corneta para abrirme el pecho y decir “Aquí me tenéis, hoy es el día del amor, haced conmigo lo que queráis”, lo que necesito es aire para respirar, belleza que admirar y estímulos que me remuevan por dentro para sentirme todavía más vivo si cabe.

La vida no es más que lo que nosotros hacemos de ella, y queramos o no, la tierra seguirá girando timorata colgada en el espacio llena de muertos y vivos, independientemente de que hayamos decidido odiar o amar a este o aquel o a aquella o la de más allá. Teniendo esto en cuenta, ¿Cómo puede alguien plantearse siquiera una vida en la que no se intenta llenar todos los días de amor?

Pero ¡ojo!, el amor, desde mi punto de vista, no depende de pasar el tiempo hecho una ameba mirando a otra persona, pasa por coger a alguien de la mano para mirar en la misma dirección, hacia delante si puede ser. Consiste en amarlo todo sin reservas; las cosas pequeñas por su delicadeza, las grandes por su majestuosidad, las medianas por la humildad inherente en la aceptación de la no relevancia dentro del contexto general de las cosas. Amando plenamente también se debe amar la mesura de equilibrar el amor a repartir entre las cosas y las personas que uno quiere, que le hacen sufrir o tener ganas de estallar en carcajadas.

Precisamente por lo anterior, de la misma forma que no entiendo la recompensa sin esfuerzo, la noche sin el día, o el frío sin el calor, no entiendo un día para amar si no es parte de una vida de amor.

Francisco Gordillo 2011

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