Rio de Janeiro, Ipanema!

Río de Janeiro – Playa de Ipanema

Ipanema, es un gajo de lima arrancado a la tierra verde, negra y oscura. Una pestaña de marfil y nata que el ojo azul del mar cierra por la noche en gris húmedo, que se  abre durante el día para arrojar contra la arena la luz del océano, espumosa y revuelta en las crestas de las olas.

La playa es un microcosmos, un mundo lleno de submundos y rutinas; de trabajos y alegría, tragedias y dramas, es un ecosistema en sí mismo, un universo lleno de personas y colores, gritos de vendedores, olores de frutas y cremas,  sudores y surferos, culos oscuros y duros como melocotones en la noche. La vida se abre paso sudando aire en innumerables agujeros desde los que la tierra respira, cuando el agua se devuelve revuelta al mar después de bailar su particular tango de ida y vuelta con la playa. El mar lo es todo, porque en la mar no existe la distancia, es una inmensidad inabarcable, es la noche del tiempo con un latir propio de las oscuras horas en el espacio.

La gente va y viene mecida por el ritmo de las olas al compás de una existencia fácil y amable, teñida de miedos futuros, y la siempre oscura sombra de las abigarradas casas trepando en la distancia subconsciente de una ciudad que se transporta en coches con cristales tintados y las ventanas cerradas.

El aire es limpio, huele a mar, sal y a verde, a fruta caída y a noche hendida cual rayo por el refulgir de las favelas en la distancia, la multitud de vidas que las llenan enredadas entre los cables de la electricidad robada a los ricos, la esperanza del hombre en cruz en las paredes de ladrillos anaranjados sin pintar, y los cementos de sus paredes agolpándose en pegotes alborotados por las esquinas de casas, muros y techos.

Los cuerpos de curvas imposibles llenan el aire y los sentidos con ropas ajustadas y carnes prietas repletas de vida, de hormonas, de bronceadores, de bikinis minúsculos, de pícaras miradas de lado desde dientes blancos entre labios oscuros como higos, de movimientos rítmicos, como si las chancletas que casi todos llevan bailasen el baile del edén, donde no había pecado, donde el mal era todo bueno, donde nadie cayó de ningún sitio y el día y la luz eran para disfrute, sirviendo como trampolín desde el que lanzarse a la noche sin miedo ni frío.

Favelas en Ipanema

Favelas en Ipanema

Rio de Janeiro e Ipanema son luz, lo cual no deja de contrastar con la oscuridad de la pobreza que frisa sus bordes grises, peleando con la maleza esmeralda y salvaje que lo llena todo, desde las grietas en los muros color plomo oscuro hasta el suelo cubierto de rojizas y enormes hojas .

Rio es una inmensa atalaya de vida desde donde se ve el infierno, haciéndola todavía más atractiva, más irremisible, más sugerente, más cautivadora. Rio es donde el bien y el mal, la luz y la oscuridad, se encuentran estallando en pelea imposible de atardeceres sin palabras, al borde mismo de donde el mar caía antaño al acabar la tierra, convirtiéndose en gotas dispersas flotando ingrávidas en el universo de todo lo que se pensó que era pero nunca fue. Sobre todo es un sentimiento, una manera de convivir, es la joie de vivre, la pena inmortal del que tiene y quiere más, y la del que no tiene nada pero sabe soñar.

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