
La Soledad
La soledad es un cilindro transparente y vacío con una silla en el centro. El tiempo resbala líquido desplazándose despacio y hacia arriba en gotas límpidas y plateadas de una pureza infinita.
La soledad es el puerto donde atracan los complejos y las frustraciones, la rutina y el olvido de las cosas que nos hacían vibrar. Es una ansiedad que te retuerce el pecho por dentro cual daga invisible. Es un vacío absoluto lleno de silencio y la incólume presencia de todo lo que no es.
La soledad es pura, cristalina, como el miedo, como la noche fresca, como el amanecer imaginado pero nunca vivido.
La soledad es un caballo de tiro que nos arrastra negro y desbocado entre la luz de todo lo que puede o pudo ser, y la tiniebla transparente y lúcida de todo lo que es no siendo.
La soledad lo es todo, ya que nadie es más en nosotros mismos. Nadie puebla nuestras cabezas locas ni nuestros gritos sin sonido. Nadie llama a la puerta de lo que no se escucha ni se siente pero se lleva dentro emponzoñando las horas y los días.
La soledad es una cama vacía, un hombre colgado en un crucifijo, un cuadro sin color y un armario lleno de perchas que se cruzan entre si en su colgar alborotado y dormido. Es un gemelo sin camisa y sin pareja, es una maniquí sin expresión, es la llama sin frío y el dormir sin sueño, una maleta negra y un te quiero para siempre colgado en el espacio infinito.

