A mi siempre querida CA
Toda despedida es un principio encerrado en la esfera de algo que se rompió. Se rompe el tiempo, el corazón, la confianza, los sueños, sea lo que sea que se deshace, llega cabalgando una ola de vacío, de frío, de un futuro que ya no será y un pasado que fue pero nunca volverá a ser.
Las despedidas son tatuajes del alma, cicatrices que uno se va haciendo a medida que pasan los días y los años, nombres, caras, sensaciones, olores y recuerdos dibujados a fuego en los rincones oscuros de memoria y corazón.
Cuando el tiempo se rompe, cuando ya que no queda nada, uno se pregunta ¿Para qué? ¿Donde van el cariño y el amor, donde se esconden los besos, los momentos de complicidad, las miradas donde el amigo, familiar o pareja descubre el significado de algo que es tan íntimo que solo dos personas en ese momento saben qué es?
Acompañando a la pregunta, debemos hacer un esfuerzo para recordar que para despedirse, hace falta haberse encontrado, y para que la despedida deje huella, es necesario haber sentido. No nos dejemos engañar por la inmediatez del dolor que conlleva la pérdida, la vida pondrá los recuerdos en su justo sitio, su importancia medida con justicia en la presencia de los mismos durante nuestro futuro devenir diario.
Debemos siempre despedirnos con una sonrisa, aunque el alma este hecha jirones, aunque el corazón le diga a la cabeza ¡Qué estas haciendo! Y mirar hacia delante intentando no vivir de lo vivido sino sobrevivir, no encerrarse en el pasado ni en el olvido, aceptando la rica y suntuosa esencia de todo aquello que llegará desde lo aprendido en el pasado con la persona a quien de una forma u otra, entendida o no, en su momento apreciamos, pero que ya pasó, que no volverá, su recuerdo ahogado cual canto rodado en el fondo del lago de nuestra memoria.
El futuro traerá, antes o después, desde su prosa aceitosa empapando las paredes de lo que será, una nueva primavera, y plantará una nueva flor en el corazón, sea desde el reencuentro o desde el descubrimiento, qué más dará, lo importante es seguir llenándose de vida, mañana y luz cada día.
Francisco Gordillo. Madrid. Febrero 2012


