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Del niño que se quemó a lo bonzo, Siria y la Liga Arabe!

Hombre quemándose a lo bonzo en Túnez

Hombre quemándose a lo bonzo en Túnez

Ayer sábado 12 de Noviembre del  2011 la Liga Arabe decidió sancionar a Siria contra todo pronóstico. Aún a pesar de haber acordado con antelación un programa para detener la violencia del régimen de Asad, el cual había sido previamente aceptado por este, los asesinatos y atropellos seguían sucediéndose, enviando olas de terror y sangre desde las calles de Damasco a todo el país.

Hace una semana la Liga Arabe había convocado una reunión de urgencia para una semana después, es decir, ayer sábado. No habiendo detenido la ola de violencia desde que hace 4 meses se le pidiera oficialmente, el régimen de Asad tiene hasta el próximo miércoles 16 de Noviembre para hacerlo, o se enfrentará a la suspensión de su presencia en las reuniones de la Liga Arabe.

Es la segunda vez que la Liga se manifiesta y actúa recientemente contra uno de sus miembros, Libia y Siria. Mientras que el primero era un país de importancia relativamente menor, el segundo es uno de los integrantes del grupo de 6 países que fundó la Liga en el año 1945.  El único caso precedente es la suspensión de Egipto como consecuencia de la firma del armisticio con Israel y el consiguiente tratado de paz de 1979. Dicha suspensión duró 10 años hasta su readmisión en 1989.

Aunque a priori puede parecer algo de una importancia relativamente menor, dicha decisión tendrá importantes repercusiones tanto en la zona y el mundo árabe como en el escenario internacional.

Hay un hecho de fondo de importancia vital. En la medida que EEUU se retira de Irak, lo cual dejará el país en manos de chiies, la posición de influencia iraní se ve aumentada si se combina con la creciente certeza de la amenaza nuclear. Los países del golfo, donde disfrutan de una relativa tranquilidad aún a pesar de los disturbios en Bahrein, y protestas esporádicas en casi todos los territorios, deberán intentar por todos los medios que Irán no aumente su nivel de influencia en la región y por extensión a todo el arco Mediterráneo. De esta forma, un cambio de gobierno en Damasco que deje a Siria en manos de fuerzas políticas de tradición suní sería importante para preservar el equilibrio político-regional.

Bachar - Al - Asad. Siria

Bachar - Al - Asad. Siria

Obviamente lo arriba descrito no es un cambio que tendría lugar de manera inmediata, ya que con toda probabilidad, la decisión de la Liga Arabe empujará al gobierno de Asad a radicalizarse y escalar la violencia, siendo la fuerza extrema el último recurso al que agarrarse antes de su más que segura caída del poder.

Por otra parte, la caída de Damasco pondría a China y Rusia, los “aliados” de Irán, en una situación incomoda, ya que, a través de su apoyo a Ahmadineyad y el directo a Siria, estarían extendiendo una patente de corso a Damasco para proseguir con la violencia. La nueva situación les forzará a revisar su postura debido a la incomodidad de tener que defender su posición diplomática a favor de Damasco e Irán contra el grueso de las Naciones Unidas incluyendo la oposición frontal de la Liga Arabe.

Por último, todo parece indicar que el fin de la presencia norteamericana en Irak puede verse de alguna forma relevado por un “acantonamiento informal” de parte de la flota mediterránea con dos objetivos; presentar una posición sólida de cara a un potencial conflicto con Irán derivado de los avances en su programa nuclear, y como apoyo a las decisiones que se tomen desde la Liga Arabe para aportar alguna solución a la situación Siria.

La decisión de la Liga Arabe, más allá de tener un componente cosmético de cara a la comunidad internacional, incluye el embrión de un plan de acción de tres puntos;

Primero. La protección de civiles. La Liga ya ha pedido ayuda a las Naciones Unidas, habiendo manifestado la embajadora americana Susan Rice que la protección de civiles es una prioridad. Lo cierto es que es francamente difícil de imaginar una protección de los civiles sin una intervención armada en el país, a no ser que venga dado como apoyo al ejercito de liberación sirio a través del ejercito “amigo” turco. Esto tiene todos los ingredientes de una operación a medio plazo de apoyo a los rebeldes similar a la vivida en Libia, con susteto “técnico” aereo y naval pero sin despliegue de tropas de tierra.

Segundo. Sanciones económicas por parte de todos los países de la Liga Arabe, lo cual animaría la fuga de capitales y por tanto, a medio plazo debilitaría la posición de Asad forzando una aceleración de la caída de su gobierno.

Tercero. La renuncia de la Liga a seguir apoyando al gobierno de Asad obviamente conlleva la deslegitimación internacional, y por tanto un reforzamiento de las filas de la oposición que en algún momento debería traducirse en la presentación de una masiva moción de censura, así como el agrietamiento de las compactas filas políticas del gobierno hasta el día de hoy. Una vez que haya políticos que empiecen a cambiar de chaqueta o a suavizar su postura en defensa del actual gobierno, se habrá iniciado un camino sin retorno.

Como conclusión, nadie podía imaginar que un frutero prendiéndose fuego a lo bonzo en Túnez ante la represión del aparato gubernamental, acompañado del apoyo popular en forma de blogeros, twiteros y demás, sembraría la semilla de lo que parece ser un redibujo de la situación geopolítica en Oriente Medio. El mundo indudablemente está cambiando, y la Liga Arabe parece que también.

Probablemente seamos testigos en los meses y años venideros de un aumento de la militarización en la zona, un alto número de escaramuzas sino una o varias guerras, y en última instancia el principio de la aceptación de los preceptos democráticos, así como la adopción de la sociedad de la información y el principio de un más que probablemente doloroso viaje  hacia un aumento de las libertades en los países del mundo árabe.

 

Francisco Gordillo. MAdrid. Noviembre 2011

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Violenta y acertada carta de despedida de Pérez Reverte a Zapatero

Aunque no me gusta escribir de política, llevo un tiempo meditando el dedicarle un artículo a Zapatero como despedida y si Dios quiere como “hasta nunca”. En el proceso de reflexionar sobre ello y recabar información sobre diferentes puntos de vista, me he topado con una joya escrita por Perez Reverte en su columna “Con patente de Corso” que escribe para XL Semanal. Estoy tan de acuerdo con lo que escribe, que me he visto casi “obligado” a reproducirla aquí, y a la vez darle las gracias al magistral académico por plasmar con tanto acierto lo que yo, en mi humilde opinión, entiendo el sentir de muchísimos españoles.

 

 

“No quiero, señor presidente, que se quite de en medio sin dedicarle un recuerdo con marca de la casa. En esta España desmemoriada e infeliz estamos acostumbrados a que la gente se vaya de rositas después del estropicio. No es su caso, pues llevan tiempo diciéndole de todo menos guapo. Hasta sus más conspicuos sicarios a sueldo o por la cara, esos golfos oportunistas -gentuza vomitada por la política que ejerce ahora de tertuliana o periodista sin haberse duchado- que babeaban haciéndole succiones entusiastas, dicen si te he visto no me acuerdo mientras acuden, como suelen, en auxilio del vencedor, sea quien sea. Esto de hoy también toca esa tecla, aunque ningún lector habitual lo tomará por lanzada a moro muerto. Si me permite cierta chulería retrospectiva, señor presidente, lo mío es de mucho antes. Ya le llamé imbécil en esta misma página el 23 de diciembre de 2007, en un artículo que terminaba: «Más miedo me da un imbécil que un malvado». Pero tampoco hacía falta ser profeta, oiga. Bastaba con observarle la sonrisa, sabiendo que, con dedicación y ejercicio, un imbécil puede convertirse en el peor de los malvados. Precisamente por imbécil.

Agradezco muchos de sus esfuerzos. Casi todas las intenciones y algunos logros me hicieron creer que algo sacaríamos en limpio. Pienso en la ampliación de los derechos sociales, el freno a la mafia conservadora y trincona en materia de educación escolar, los esfuerzos por dignificar el papel social de la mujer y su defensa frente a la violencia machista, la reivindicación de los derechos de los homosexuales o el reconocimiento de la memoria debida a las víctimas de la Guerra Civil. Incluso su campaña para acabar con el terrorismo vasco, señor presidente, merece más elogios de los que dejan oír las protestas de la derecha radical. El problema es que buena parte del trabajo a realizar, que por lo delicado habría correspondido a personas de talla intelectual y solvencia política, lo puso usted, con la ligereza formal que caracterizó sus siete años de gobierno, en manos de una pandilla de irresponsables de ambos sexos: demagogos cantamañanas y frívolas tontas del culo que, como usted mismo, no leyeron un libro jamás. Eso, cuando no en sinvergüenzas que, pese a que su competencia los hacía conscientes de lo real y lo justo, secundaron, sumisos, auténticos disparates. Y así, rodeado de esa corte de esbirros, cobardes y analfabetos, vivió usted su Disneylandia durante dos legislaturas en las que corrompió muchas causas nobles, hizo imposibles otras, y con la soberbia del rey desnudo llegó a creer que la mayor parte de los españoles -y españolas, que añadirían sus Bibianas y sus Leires- somos tan gilipollas como usted. Lo que no le recrimino del todo; pues en las últimas elecciones, con toda España sabiendo lo que ocurría y lo que iba a ocurrir, usted fue reelegido presidente. Por la mitad, supongo, de cada diez de los que hoy hacen cola en las oficinas del paro.

Pero no sólo eso, señor presidente. El paso de imbécil a malvado lo dio usted en otros aspectos que en su partido conocen de sobra, aunque hasta hace poco silbaran mirando a otro lado. Sin el menor respeto por la verdad ni la lealtad, usted mintió y traicionó a todos. Empecinado en sus errores, terco en ignorar la realidad, trituró a los críticos y a los sensatos, destrozando un partido imprescindible para España. Y ahora, cuando se va usted a hacer puñetas, deja un Estado desmantelado, indigente, y tal vez en manos de la derecha conservadora para un par de legislaturas. Con monseñor Rouco y la España negra de mantilla, peineta y agua bendita, que tanto nos había costado meter a empujones en el convento, retirando las bolitas de naftalina, radiante, mientras se frota las manos.

Ojalá la peña se lo recuerde durante el resto de su vida, si tiene los santos huevos de entrar en un bar a tomar ese café que, estoy seguro, sigue sin tener ni puta idea de lo que vale. Usted, señor presidente, ha convertido la mentira en deber patriótico, comprado a los sindicatos, sobornado con claudicaciones infames al nacionalismo más desvergonzado, envilecido la Justicia, penalizado como delito el uso correcto de la lengua española, envenenado la convivencia al utilizar, a falta de ideología propia, viejos rencores históricos como factor de coherencia interna y propaganda pública. Ha sido un gobernante patético, de asombrosa indigencia cultural, incompetente, traidor y embustero hasta el último minuto; pues hasta en lo de irse o no irse mintió también, como en todo. Ha sido el payaso de Europa y la vergüenza del telediario, haciéndonos sonrojar cada vez que aparecía junto a Sarkozy, Merkel y hasta Berlusconi, que ya es el colmo. Con intérprete de por medio, naturalmente. Ni inglés ha sido capaz de aprender, maldita sea su estampa, en estos siete años.”

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